La prueba irrefutable de su existencia

En San Juan 9 se nos cuenta la historia de un hombre quien era

reconocido por muchas personas como un ciego de nacimiento.

Aqí vemos como Jesús atiende la necesidad de este hombre,

explicando que su necesidad

no fue impuesta por Dios para poder sanarle, sino que su poder

se manifestaría en la

necesidad de aquella persona.

El ciego en su necesidad y con una gran Fe hizo todo lo que Cristo

le solicitó para poder

recibir la sanidad, no fue algo instantáneo sino un proceso raro

de sanidad que requirió

de mucha confianza por parte del ciego.

Dos grandes enseñanzas podemos encontrar en esta historia.

En primer lugar xiste un antes y un después de Cristo en nuestras

vidas, reflejado en un cambió drástico en nosotros mismos, en

esta historia la vida del ciego cambio radicalmente al recobrar

la vista.

En segundo lugar, aprendemos que la comprensión de quien es

realmente Cristo, es un proceso mas menos largo y que se va

forjando a medida que nos vamos confrontando a preguntas que

nos hace la gente como por ejemplo ¿quién es jesús? ¿es Jesús Dios

o simplemente un profeta? ¿un iluminado mas del mundo o el hijo

de Dios?

El ciego fue confrontado en varias oportunidades ante otras

personas quienes cuestionaban a Jesús. La primera oportunidad

que fue consultado acerca de Jesús el ex-ciego respondió es un

profeta, lo cual demuestra que su visión de Cristo aun no era la

perfecta.

La segunda oportunidad los fariseos acusar a Jesús de pecador

por sanar un día sábado,

el ex-ciego respondió ”si es pecador no lo se, lo único que se es

que antes no veia

y ahora si”.

Finalmente, el ciego remata con una declaración notable que

demuestra como su

percepción de Cristo ya estaba muy avanzada, justo después que

los fariseos

no reconociesen a Jesús como alguien importante sino que le daban

más importancia

a Moisés desconociendo los méritos de Jesús. La frase del ciego fue :

–Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde ha

salido, y a mí me abrió los ojos.
Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es

temeroso de Dios y hace su voluntad, a ese oye. Nunca se ha oído

decir que alguien abriera los ojos a uno que nació ciego. Si este no

viniera de Dios, nada podría hacer.

La historia termina con Cristo y el ex ciego confrontados nuevamente, en ese instante Cristo declaró ser

el Mesías ante lo cual el ex-ciego aceptó todo lo que éste decía.

El milagro recibido por el ciego resistía todo argumento que

intentase minimizar la relevancia

de Dios para los hombres, y en segundo lugar, nuestra imagen

de Cristo se va perfeccionando

a medida que nos confrontamos con personas que no creen que

Jesús es el único Dios, al

ser puesta a prueba nuestra Fe, ésta se ve fortalecida.

referencia electrónica: www.paralideres.org

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